
Existen, por supuesto, otras tantas formas de ganarte y ninguna de perderte. Y esta pequeña experiencia que, “inacumulada”, lanza su parte del juego sobre tu tejado, no ha aprendido nada del aire, que, en movimiento, empalma tu pelo. Que lo riza en ricos rizos pequeños donde no cabe el aura que tengo colgado: un cerco de celdas, un circo de locos.
Existe, por supuesto,
un árbol donde tú
y
yo,
ya no hacemos el amor,
descolgados,
cayéndonos
sin
.
.
.