jueves, 1 de julio de 2010

En la cuerda floja

Es su problema, se enamora de fulanas. Y no tienen negocio entre las piernas, sino picante entre los dientes.

A él le gusta la que mejor baila, la más movida, la que activa las volteretas del corazón. La del infarto. Y no le hacen falta más que unas piernas largas, un pelo alborotado y una piel morena para arrastrarlo a las sábanas. Y le da igual, porque eso terminará, y prefiere disfrutar.

Y luego, en la parte de detrás, su disfrute se convierte en rutina, y ella lo lleva por mala calle, por calle amarga que, enterrada en una sonrisa, una pestaña y unas cejas recortadas, cuidadas, como cartón de su protector, de su vida. Y algo de encaje debajo de la seda, y algo de locura, que se ha vuelto enamorar. Y ella era la peor de todas.

Y no podía parar de querer buscarla entre la almohada,
aunque sabía que era una fulana.