lunes, 12 de abril de 2010
Al galope
Que pregunten a mi Dios si no es esto la inmensidad. Que responda él con toda su galantería, su pose y peso, y explique al mundo el Universo primitivo, y vea en él el reflejo de un todo acumulado, en expansión y tendente a robarte los minutos. Que aprenda mi cuerpo a estirar el tiempo. Que aprendan mis manos en dos minutos a preparar el mejor de mis saltos.
Que tus ojos sean un "que" definitivo, imparable, ansioso de aire incómodo, apretados entre tu ombligo y mis huesos. Y luego que se ciña todo el azúcar de los dedos a los dos huecos que entreabres cuando sonríes. Que no me pare hoy el viento, que soplando más fuerte que nunca, ha dado a mi pelo el ultimátum de correr a buscarte.
Que tus ojos sean un "que" definitivo, imparable, ansioso de aire incómodo, apretados entre tu ombligo y mis huesos. Y luego que se ciña todo el azúcar de los dedos a los dos huecos que entreabres cuando sonríes. Que no me pare hoy el viento, que soplando más fuerte que nunca, ha dado a mi pelo el ultimátum de correr a buscarte.