sábado, 20 de febrero de 2010

Enemigos del azufre


- Tres, poco enseñaste en tu mundo si no supiste, cuando te dieron la oportunidad los agentes de la OKS, explicar el luto dulce, el infierno enlazado en regalices. Fracasaste si digo que nunca fuiste capaz de entender el sabor de los huesos, si jamás creaste la doctrina, imperfecta absolución, de tu certeza, tan evocadora y errante, tan fallida. Tres, siempre has creído no ser imperfecto, y le has fallado.


- ¿A quién, a quién he fallado, Uno?


Los largos silencios en que Siete se involucraba, amigo de las alas de los pastorcillos buscadores de oro, creyentes en el arco iris del rebaño, en pantalones bajados y ascensores, hacían dilatar cada vez más el impacto de sus palabras en Tres. Él ya no podía más. Y en la atmósfera se respiraba azufre.


- ¿A quién he fallado? ¡Contesta!


- Lo sabes bien.


Y Tres desertó entre palmas, agua y sal, de la vida de la que ya no era dueño. Y lo hizo por ella, en un abrir y cerrar de ojos, sin más explicación que las ganas de huir.


- "Siempre amó el terrorismo", indicio de la llegada de Seis. Y yo me acosté con ella.