lunes, 9 de enero de 2012

De lo que impera en la importancia y las cosas que nos huelen a verdad inmutable.


A Don Importante se le ha olvidado a la mañana cerrar todas sus ventanas. Ha madrugado entre sollozos de queja quejada y silenciosa. Mientras, me masturbaba. Lo veía desde mi agujero, sellado. A Don Importante se le olvidaron los gemelos y a mí la bragueta. Los titantes del nihilismo de mi yo cabalgan lanzados contra su pupila. Se le olvidó la vida y confió mi cara a su mañana. Mañana.

A Don Importante lo han llamado esta mañana, mañana, para quejársele de su ondulatoria productividad. Él ve ciclos y yo, que soy menos importante, sólo veo días y días, y después, días. O noches. Depende. Y él no ha llorado. Y a mí se me ha derramado el café en la cama. Y más tarde ha vuelto a casa y ha cerrado enfadado las contraventanas para oírnos. Y me hecho alguna paja. Y Don Importante se ha impacientado y ha llamado a mi puerta.

- Puede que sea la última vez que lo vea, Don Importante.

Y se ha marchado. Y es importante, para Don Importante, saber que no es lo mismo marchar que huir, como no lo es llegar que venir, o escapar que esconderse. Pero él no lo sabe porque es alguien importante. Me he colocado, y he viajado, que no es la misma cosa que las cosas que son viajar o que nos llevan a rodar. Don Importante está estancado en su ciudad. Y sus trajes están aterciopelados y sus camisas huelen a esos aromas de las tiendas de las calles importantes de las ciudades más importantes. Y mi casa sólo huele a mierda y a humedad, porque la no-importancia apadrina mi alma y la nutre de excrementos, crudeza y mala compañía.

Ayer me desperté. Y Don Importante acababa de acostarse y luego volvió a despertar para correr las cortinas que dan a su habitación. Abusa de buena compañía y caso omiso es la bandera que porta cuando los menos importantes lo hablamos en términos llanos.

Acaba de marcharse, otra vez. Yo acabo de irme, otra vez. Y voy a correrme, de nuevo. Y voy a colocarme. Y no soy importante. Y tampoco voy a agobiarme. Pero, ¿él?



Ah, él es Don Importante.