lunes, 9 de enero de 2012

Mis disculpas

No somos la creación de Dios. No somos, ni fuimos. Nunca seremos el último retal de la misericordia y la buenaventura. Dios nos odia; y su rencor asola nuestras almas por igual. Rodamos por la vida como leones, asustados como corderos al hombro, haciéndonos pasar por fieros jaguares limitativos de nuestra verdad, lanar. Tendemos a finito porque desconocemos infinito. Cazamos ratas y las masticamos, nos masturbamos de pie, en público, de rodillas y a solas, pidiendo perdón por nuestros pecados al Supremo, rogando a las personas haciéndonos pasar por lo que se nos ve desde allá, al otro lado de lo que no es el hormigón. Parece que la Tierra tire de nosotros.

Somos la creación del Tiempo y del Espacio, la circunstancia de ahora en este lugar. Somos y seremos, y seguiremos siendo mientras el perdón siga siguiendo siendo lo menos racional y más humano. Nos cagamos encima y nos desangramos, postrados, espectadores del bonito final que es follarnos. ¿Combatimos? Compartimos. Golpes y reveses en el tramo inicial. ¿Cómo coño vamos a terminar?

Mal. Dios nos odia a todos por igual. Y su rencor pesa como marchita nuestra fe.

Menos Mal, que está ahí, óseo, el Perdón.

De lo que impera en la importancia y las cosas que nos huelen a verdad inmutable.


A Don Importante se le ha olvidado a la mañana cerrar todas sus ventanas. Ha madrugado entre sollozos de queja quejada y silenciosa. Mientras, me masturbaba. Lo veía desde mi agujero, sellado. A Don Importante se le olvidaron los gemelos y a mí la bragueta. Los titantes del nihilismo de mi yo cabalgan lanzados contra su pupila. Se le olvidó la vida y confió mi cara a su mañana. Mañana.

A Don Importante lo han llamado esta mañana, mañana, para quejársele de su ondulatoria productividad. Él ve ciclos y yo, que soy menos importante, sólo veo días y días, y después, días. O noches. Depende. Y él no ha llorado. Y a mí se me ha derramado el café en la cama. Y más tarde ha vuelto a casa y ha cerrado enfadado las contraventanas para oírnos. Y me hecho alguna paja. Y Don Importante se ha impacientado y ha llamado a mi puerta.

- Puede que sea la última vez que lo vea, Don Importante.

Y se ha marchado. Y es importante, para Don Importante, saber que no es lo mismo marchar que huir, como no lo es llegar que venir, o escapar que esconderse. Pero él no lo sabe porque es alguien importante. Me he colocado, y he viajado, que no es la misma cosa que las cosas que son viajar o que nos llevan a rodar. Don Importante está estancado en su ciudad. Y sus trajes están aterciopelados y sus camisas huelen a esos aromas de las tiendas de las calles importantes de las ciudades más importantes. Y mi casa sólo huele a mierda y a humedad, porque la no-importancia apadrina mi alma y la nutre de excrementos, crudeza y mala compañía.

Ayer me desperté. Y Don Importante acababa de acostarse y luego volvió a despertar para correr las cortinas que dan a su habitación. Abusa de buena compañía y caso omiso es la bandera que porta cuando los menos importantes lo hablamos en términos llanos.

Acaba de marcharse, otra vez. Yo acabo de irme, otra vez. Y voy a correrme, de nuevo. Y voy a colocarme. Y no soy importante. Y tampoco voy a agobiarme. Pero, ¿él?



Ah, él es Don Importante.

domingo, 20 de febrero de 2011

AVISO DE PERMANENCIA


Intentar describir las huellas que dejan tus caderas al pasar

domingo, 19 de diciembre de 2010

Placebos intelectuales

‎"Cuando le pongan un valor a cosas como la salud, el amor, el sexo y otras cosas, aprendan a poner un valor material en lo que previamente descartaron por ser meramente intangible, una cosa que no se ve, y se darán cuenta de que son mucho más ricos de lo que imaginan"

http://www.ted.com/talks/lang/spa/rory_sutherland_life_lessons_from_an_ad_man.html

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Crónicas de mi libertad

Aristóteles afirmaba, además de que las ballenas eran mamíferos y los pulpos eran fieles a su virginidad -al menos en cierta medida-, que el hombre es un animal político: un zohón politikón.

Desde luego, sólo hace falta remontar un poco el río de nuestra historia y ver que, en unas u otras aglomeraciones sociales surgen, de forma espontánea -que no natural-, virtudes directamente extrapoladas al orden, a la estabilidad del seno social, y que tienen como cúpula la función del liderazgo. Lo que es estable, es virtud y procede del virtuosismo, al menos etimológicamente, o, incluso gramaticalmente. Yo odio la política, cada día más. Y, la decisión de dedicarse a ella toma forma en paralelo a su importancia: es el segundo oficio de nuestra historia. Pero, vaya, que le pregunten a las prostitutas si decidieron experimentar qué se siente al trabajar con la herramienta más antigua del ser humano, en el oficio más antiguo y menos longevo. Por supuesto, el menos higiénico y el más grotesco. El menos demandado en este "mercado laboral globalizado".

El caso es, que -y retomo lo de las etimologías-, que aquel que no quiere involucrarse en política es un imbécil. Sí. Eso nos dicen las raíces de nuestra lengua: una lengua que conservar, elemento cultural. Y todos, todos a los que llamamos "estudiosos", arañan paredes empeñados en no borrar nuestras huellas. Hasta los más progresistas predican el conservadurismo. ¿Por qué? Por cultura. Eso es cultura. Cultura es una acumulación de pautas sociales de acción (y pensamiento, como pretenden hacernos creer cuando nos hablan de la libertad de conciencia), un conjunto ya no sólo patrimonial y folclórico, costumbrista o consuetudinario, sino también influyente, tanto que de la dedicación al estudio, cualquier persona puede aprehender conocimientos. Y, precisamente, en política, se estudian los clásicos del socialismo utópico, los padres del conservadurismo y el liberalismo. A los demás se les deja de lado -y es normal-. Y, oigan, es esa nuestra cultura. Realmente, ya no somos unos imbéciles. Sabemos que somos libres y, en caso de no serlo, conocemos el ardid para conseguirlo. Sabemos de estrategias legales, teorías ideológicas y fechas, muchas fechas.

Cuando te han lavado el cerebro lo suficiente, a través de los medios, las conversaciones vacías e incultas del inculto y puto grupo social, estarás preparado para decir que eres libre. Cuando digas que el proletariado ha de rebelarse y abogues por la sangre, una vez más, siéntete orgulloso por luchar. Pero, cuidado, no te confundas. No vayas a luchar por los colores de tu nación, y tampoco vayas a hacerlo por ti mismo. Hazlo por el trabajador, por joder al burgués, por querer una sociedad libre. No busques la libertad dentro de tus fronteras, porque recuerda, no las tienes, eres una pata más de una puta silla de madera seca, corroída y alimentada de ideales.

Cuando tus padres te hayan metido más mierda en la cabeza y provengas de un linaje radicalmente distinto, en el que defender a la libertad sin tener ni puta idea de qué es, sea el pan de tu día a día, ten cuidado. Ten cuidado porque el dinero afecta a la libertad. Cuida tu lenguaje y tu atuendo. Eso es lo que debes hacer para triunfar, junto a una carrera, o, mucho mejor, dos carreras. Pero no las hagas por amor, hazlas por dinero, por libertad. La libertad vista pasar a doscientos cincuenta kilómetros/hora de un Merecedes Clase E, no es la misma que la que puedas ver desde un Opel y por supuesto, en tu bolsillo no cabrán las mismas libertades políticas.

También es mentira. Todo. Las naciones son mentira, a más de uno sorprendería cuál es la definición exacta, en ciencia política, de nación. Tampoco son verdad las ideologías, ¿cómo va a haber una "nación" creyente y capaz de predicar la misma libertad, a una? Iguales son las estrategias políticas y las leyes, adaptadas a la moral. ¿Qué moral? La universal.

Sí, pero entonces, cultura y libertad son hambre y ganas de comérselas.

Pero, entonces, la política, ¿qué es? Pues lo que me venía resignando a reconocer: la mayor mierda que el ser humano se ha echado jamás sobre sí. La forma más horrorosa y despótica de despachar a los ideales.

La medida que pone cifras a los ideales.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

bakkc

Imagina que hubiera elegido una carretera aún más larga. Que yo hubiera podido coger más velocidad, superar las barreras del sonido para no pensar. Imagina que el coche hubiera podido acelerar más y darme menos aire. Y allá, al final de la recta, una muerte. Segura, de frente, rocosa.

Imagina que el túnel de la vida que pensé hubiera sido más corto, menos denso e igual de estrecho. Si tú no hubieras aparecido al borde, yo me habría estrellado. Y volvería a hacerlo. Tal vez.

jueves, 1 de julio de 2010

En la cuerda floja

Es su problema, se enamora de fulanas. Y no tienen negocio entre las piernas, sino picante entre los dientes.

A él le gusta la que mejor baila, la más movida, la que activa las volteretas del corazón. La del infarto. Y no le hacen falta más que unas piernas largas, un pelo alborotado y una piel morena para arrastrarlo a las sábanas. Y le da igual, porque eso terminará, y prefiere disfrutar.

Y luego, en la parte de detrás, su disfrute se convierte en rutina, y ella lo lleva por mala calle, por calle amarga que, enterrada en una sonrisa, una pestaña y unas cejas recortadas, cuidadas, como cartón de su protector, de su vida. Y algo de encaje debajo de la seda, y algo de locura, que se ha vuelto enamorar. Y ella era la peor de todas.

Y no podía parar de querer buscarla entre la almohada,
aunque sabía que era una fulana.